miércoles, 1 de febrero de 2012

Corte y confección

El nuevo año ha nacido una vez más con una tijera bajo el brazo.  Parece ser que eso del pan ya no se lleva. Ahora la moda son los instrumentos de corte y confección.  Y no para crear polémicos trajes, precisamente.

Inmersos como estamos en una crisis económica, y en otras más preocupantes como por ejemplo la de valores, Emilio Botín, el principal banquero de España, no duda en señalar a los culpables de la primera. El rico septuagenario se lava las manos: “Aquí quien lo ha hecho mal son los políticos”, expone con su seriedad característica el señor de la corbata roja. Pero, y ¿para los señores y señoras a las que apunta con el dedo el todopoderoso Botín? ¿Quiénes son los culpables de la actual situación de bancarrota que sufrimos los ciudadanos según su criterio? Los políticos entrantes lo tienen fácil: la culpa es de los que salen. Para los gestores de las comunidades que repiten, pensar en la respuesta les pone un nudo en la garganta. Unos y otros miran hacia otro lado y sólo se les ocurre recurrir a los talleres de corte y confección.

Centrémonos en el caso valenciano, archiconocido ya por lo peliagudo del asunto. ¿Quiénes son los responsables de la deuda que arrastra la Comunitat? Años de caprichos plasmados en las políticas megalómanas y de una nefasta gestión del resto de dinero público han dejado a los valencianos a merced de una era donde los servicios públicos se tambalean. Y para solucionarlo, qué mejor idea que meter la tijera.  El nuevo decreto aprobado por el Consell de la Generalitat prevé ahorrar 1.000 millones de Euros a través, de entre otras medidas, hacer el corte en Educación, Sanidad o en los derechos de los empleados públicos. Eso sí, la administración deja claro, de antemano, que la confección de este vestido ajustado para la Comunitat es de carácter excepcional y de vigencia temporal limitada. Ya se sabe que cada cierto tiempo hay que cambiar de vestuario. Renovarse o morir. O eso dicen.

La situación se agrava, para nosotros claro está, para las personas de a pie,  porque parece que la autonomía valenciana no va a tener suficiente con un sólo traje ajustado. ¿En qué se centrará la siguiente clase de corte y confección? Porque ese agujero de 150.000 millones de Euros, o de 25 billones de pesetas para los que aún cuentan en la moneda antigua, que arrastra la comunidad de la paella y las fallas va a necesitar de más de una medida impopular a la par que injusta. Por lo visto, aquí, hay mucha tela que cortar. Y a los sastres no les temblará la mano, aunque con ello acaben con el patrón de un Estado del Bienestar que supuestamente estábamos sufragando con los impuestos pagados honradamente por casi todos. Otra cosa es que ese dinero se gestione pensando en nuestros intereses y en nuestras necesidades sociales. Las reales. Las de la mayoría. Las de esos votantes que deciden si levantan o agachan el pulgar a los gestores de lo público una vez transcurren los cuatro años de tejemanejes. Y últimamente, parece que la piedad se ha apoderado de los emisores del voto.

Y para muestra, un botón. 


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